Formación académica vs. carácter profesional


Verano de cursillos de natación. Corría más o menos el año 2000 y yo estaba a punto de terminar mi preciada licenciatura de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (el INEF de toda la vida, vamos). Por aquellos entonces ya había empezado a trabajar como monitor de natación en la Piscina Universitaria de Fuentenueva, en Granada y, además, estaba acababa de realizar el curso de Entrenador Superior de Natación en Madrid que, en parte convalidaban gracias a tener la Maestría de esta misma disciplina como Maestría en la carrera.

Nada más comenzar la temporada de cursillos de natación, me tocó dar un grupo de adultos de nivel avanzado (los "machacas") y claro, yo ¡estaba que me salía! A estos nadadores los iba a dejar con la boca abierta sí o sí. Yo estaba muy venido arriba y en cada clase les explicaba una y mil cosas sobre técnica, consejos para nadar, anécdotas de la natación, tips, les corregía cada aspecto... Muy encima de ellos, vamos. Yo estaba pletórico y tenía la sensación de que los alumnos estaban flipando conmigo y que nunca en su vida conocerían a un monitor mejor que yo.

Con Don Javier y Gustavo, "machacas" de aquella época (Piscina Municipal de Armilla, 2019)

Yo tenía un compañero de fatigas por aquellos entonces, Jorge Madrid, con el que echaba todo el día compartiendo horas de piscina, comidas, charlas, etc. Él era jugador de rugby y le daba mucho al gimnasio, pero de natación no estaba para nada puesto (y menos si se comparaba con "super Marco". De hecho me preguntaba cosas sobre natación que él desconocía y que para mí eran esenciales. Quizá por esos tiempos, en cuanto a piscina se refiere, yo y mi superego lo mirábamos un poco por encima del hombro (aunque lo admiraba por otras cosas en otros aspectos).

Pues no encuentro fotos de Jorge, pero curiosamente tengo una de hace unos años... ¡Pero con su hijo! Eso sí, en la Piscina Universitaria de Fuentenueva, donde empezamos a trabajar juntos.

Los cursillos eran quincenales (en realidad se daban 10 clases en total) y cada 2 semanas rotábamos los cursos. Tras haber dado un par de quincenas seguidas a "mi grupo" predilecto de adultos "machacas", resulta que hubo una rotación y ahora le tocaría a Jorge impartirles clases. "¡Pobres de ellos!", pensé (o incluso, pobre de él al que odiarían por ser tan mal monitor...). De hecho, recuerdo el primer día que les mandó 800 metros de calentamiento "por la cara". Yo me quedé flipando. Luego me venía contando a los pocos días que si les había mandado 1000 metros del tirón, apenas les hacía técnica ninguna, no les explicaba nada... Yo estaba esperando simplemente que alguno del grupo viniera a decirme cuánto me echaban de menos o incluso que empezasen con las reclamaciones directamente, que en Granada con el tema de la "malafollá" no se andan con chiquitas.


Sin embargo, cual fue mi sorpresa cuando a los pocos días noté una complicidad de todo el grupo con Jorge que no habían tenido conmigo en ningún momento. ¿Qué había pasado?

A base de observar, reflexionar, analizar y, por supuesto, tragarme mi propio ego; me di cuenta de que este grupo de adultos venía a nadar (¡evidentemente!); no a escuchar charlitas que podrían resultar hasta pedantes en algún momento. Teníamos menos de una hora de tiempo y estos "machacas" no venían a pasar frío mientras el monitor sentaba cátedra. Lo que querían era nadar y nadar y salir del agua con esa sensación tan buena que te deja el deporte tras haber completado un entrenamiento en condiciones. Conmigo quizá se enteraron de alguna cosa que no sabían y pude ayudarles mínimamente a reflexionar sobre algún aspecto de la natación, pero con Jorge se picaban, se venían arriba, se divertían, superaban retos, se superaban a sí mismos...

Piscina Municipal de Fuentenueva durante la época de invierno (cubierta por una lona)

Todo esta situación me dio que pensar mucho y, por supuesto, me sirvió de aprendizaje. Me di cuenta de que, a la hora de trabajar, no es tan importante el currículum y esa formación teórica que consigues a base de títulos y más títulos, sino que la experiencia es vital y, por supuesto, el carácter profesional que le imprimas al trabajo que haces. Hay que saber adaptarse en todo momento a las situaciones que tienes delante y no simplemente reproducir lo que te han enseñado a modo de patrón universal, soltando lo aprendido de manera casi impersonal. Cada grupo es un mundo y, dentro de cada grupo, cada persona lo es también. Dentro de la heterogeneidad que tiene un grupo hay que tratar de homogeneizar e individualizar todo lo que se pueda, a pesar de lo paradójico que pueda parecer.

A lo largo de mi trayectoria académica y profesional me he cruzado con todo tipo de instructores, monitores, profesores, docentes, pedagogos... Y he podido comprobar que no siempre el tener una plaza fija o un currículo notable es sinónimo de buenas prácticas. La vocación que se tenga y el carácter que se imprima al trabajo que se ha elegido y se realiza es, sin lugar a dudas, la clave del éxito a nivel tanto profesional como personal. Por cierto, Jorge luego hizo toda una carrera dedicada al mundo acuático: instructor de socorrismo, buceo, etc. Todo un crack del que tuve la suerte de aprender cosas muy valiosas.

Comentarios

  1. Muy buena reflexión...la recojo para mi trabajo como formador y se la pasaré a mi profe de natación.

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  2. Qué buena entrada! Saludos desde Colombia y no dejes.de explicarlo todo que los que estamos aprendiendo lo agradecemos cada día

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    1. Muchas gracias! A ver si pongo en orden este nuevo formato de página web y retomo los vídeos de natación, que muchos de vosotros me lo estáis pidiendo y tengo muchas ganas de volver a la carga. Saludos!

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